

No me enrollo más, porque toda la ruta completa con detalles prácticos la encontrarás en nuestro blog
www.hoyviajamosweb.com.
POLONIA, por A mamá le gusta viajar

Viajar por Polonia fue una experiencia sorprendente. Elegimos hacerlo por libre, lo que nos permitió conocer el país a nuestro ritmo, sin prisas ni horarios fijos. Fue un viaje muy improvisado y con poco tiempo de planificación que salió mejor de lo que pensamos. Nuestra ruta incluyó tres de las ciudades más emblemáticas: Breslavia, Varsovia y Cracovia, además de dos visitas impactantes: las Minas de Sal de Wieliczka y el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau.
Empezamos por Breslavia, una ciudad que nos enamoró con sus puentes, canales y los simpáticos gnomos escondidos por todas partes. Su Plaza del Mercado es una de las más bonitas de Europa Central, y el ambiente joven y relajado se siente en cada rincón.
Luego fuimos a Varsovia, la capital, donde la historia se respira en cada calle. El contraste entre su Ciudad Vieja —reconstruida con increíble detalle tras la Segunda Guerra Mundial— y los modernos rascacielos del centro financiero es impresionante. No podíamos dejar de visitar el Museo del Alzamiento de Varsovia, una parada obligatoria para entender el espíritu de resistencia del pueblo polaco.
Nuestra última parada fue Cracovia, sin duda una joya medieval. Su casco antiguo, el castillo de Wawel y el barrio judío de Kazimierz nos ofrecieron días llenos de historia, arte y buena comida. Desde Cracovia hicimos dos excursiones imprescindibles, también por libre: las Minas de Sal de Wieliczka, una auténtica ciudad subterránea tallada en sal, y la visita a Auschwitz-Birkenau, una experiencia dura pero necesaria. Hacerlo por libre nos permitió ir a nuestro ritmo, reflexionar y vivir cada sitio con la profundidad que merece.
Polonia nos sorprendió por su hospitalidad, su buena conexión en transporte público y lo económico que resulta viajar allí. Si estás pensando en un viaje por Europa del Este, Polonia debería estar en tu lista.
POLONIA RESURGIDA, por Diario de una vividora

Gdansk al atardecer
Existen ciudades en las que jamás he estado pero que he visitado decenas de veces en mi imaginación; me he asomado a ellas por las ventanas abiertas entre las líneas de un libro, las he recorrido recreadas en escenas de viejas y nuevas películas. De este modo me encuentro por primera vez una Polonia que jamás había pisado y que
me resulta a la vez nueva y familiar.
En mi diario de viajes se han escrito, por primera vez, los nombres de ciudades como Varsovia, Gdansk, Torun, Poznan, Breslavia o Cracovia; casi todas ellas arrasadas durante la Segunda Guerra Mundial que han sido minuciosamente reconstruidas, respetando al máximo su esplendor anterior. Polonia se conforma como un espejismo. Un nuevo y pulido reflejo de una etapa anterior, pre-guerra mundial y pre-comunismo, reensamblada como un puzle con las piezas rescatados de entre los escombros.
En este gran viaje me he reencontrado con el Báltico, en las ventosas playas donde los buscadores de ámbar han rastreado la arena durante siglos. He visitado algunos de los museos más impactantes del mundo como el POLIN de Varsovia o el Museo de la Segunda Guerra Mundial de Gdansk. He escuchado las notas románticas del piano
de Szymanowska o de Chopin sentada en un banco de piedra del jardín sajón, mientras los soldados repiten el cambio de guardia perpetuo con su paso marcial.
¡Clac, clac, clac…! He visitado lugares llenos de enigmas, como los túneles del misterioso proyecto “Riese”, que los trabajadores esclavos de los nazis horadaron en las entrañas del Castillo de Ksiaz, con una intención que sigue siendo, aún hoy, un misterio. He dormido en uno de los castillos que inspiró a Walt Disney ( Moszna ) y en la
cueva de un dragón cracoviano. Me he asombrado en enclaves que son un prodigio creado por la mano del ser humano, como las Minas de sal de Wieliczka o la delicada iglesia de madera de La Paz de Jawor y me he conmovido profundamente en otros que son la prueba de su mezquindad, lugares que jamás debieron existir, como el
Auschwitz-Birkenau Memorial.
Las ciudades polacas que visité son pulcras, llenas de dinamismo y de gente joven. En las esquinas emana el irresistible aroma a pan recién horneado y a jengibre. Sus plazas están repletas de tentadores restaurantes que titilan al anochecer con el resplandor de velas y guirnaldas de luz, y puestos de flores frescas que permanecen
abiertos hasta las tantas, porque los polacos se regalan flores. Además de sus cervezas artesanales, no dejes de probar el vodka polaco, que más que una bebida alcohólica supone una manifestación cultural. Son populares los
vodkas aromatizados con sabores como los de membrillo, guindas (mi favorito) o nuez. Toma nota, el brindis más común es “Na zdrowie”, un deseo de salud que se pronuncia con una sonrisa y mirando a los ojos, antes de apurar el vaso de vodka de un único trago.
Te aconsejo que emplees el transporte público, una opción eficiente y sostenible. Puedes caminar tranquilamente por sus ciudades casi siempre llanas o tomar una bicicleta o un patinete eléctrico, yo prefiero caminar. Y si el clima te sorprende en uno de sus continuos e impredecibles giros, no dejes de sonreír, los UBER o Bolt son bastante económicos.
Tengo mucho más que contar, pero eso te aguardará en mi blog: https://diariodeunavividora.com/
SINGAPUR Y MALASIA, por El Pachinko

Batu Caves
Singapur y Malasia es la combinación perfecta para un verano de aventura en familia. Siempre andamos buscando destinos que lo tengan todo, especialmente para un gran viaje de verano en familia. Este año, nuestra elección fue una combinación que superó todas las expectativas: la futurista Singapur y la
aventurera Malasia.
Junto a nuestros hijos Teo y Oriol, vivimos una ruta de contrastes inolvidable, un viaje que nos llevó desde la ciudad más vanguardista del planeta hasta una de las selvas más antiguas del mundo.
Aterrizar en Singapur es como viajar 20 años hacia el futuro. Es una ciudad que te deja con la boca abierta a cada paso. Para nosotros, fue inolvidable la sensación de caminar bajo los árboles gigantes de Gardens by the Bay,
especialmente durante su espectáculo nocturno de luz y sonido, una fantasía que hizo soñar a los niños.
También sentimos ese vértigo alucinante desde el mirador del Marina Bay Sands, contemplando una ciudad perfectamente diseñada que parece sacada de una película de ciencia ficción.
Y cuando crees que ya lo has visto todo, cruzas la frontera y te sumerges en la increíble diversidad de Malasia. Allí alucinamos con la majestuosidad de las Torres Petronas en Kuala Lumpur y subimos los 272 escalones de colores de las Batu Caves. Nos perdimos buscando el mejor street art de Georgetown (Penang) y viajamos en el tiempo
por las calles coloniales de Malaca.
Pero la aventura alcanzó su punto culminante en la selva de Borneo, donde la emoción de ver a los orangutanes en el Centro de Rehabilitación de Sepilok te conecta con la naturaleza de una forma única.
El broche de oro fue la paz absoluta de las playas de arena blanca y aguas turquesas de las Islas Perhentian, nadando con tortugas marinas y tiburones.
Esta combinación nos permitió tenerlo todo en un solo viaje: urbanismo de vanguardia, historia colonial, una gastronomía callejera espectacular, naturaleza exuberante y relax paradisíaco.
Si el próximo verano buscas un destino que te sorprenda y te regale recuerdos para toda la vida, te aseguramos que estos destinos son una apuesta ganadora. Tienes más información en nuestro artículo con la ruta por Malasia y
Singapur en 15 ó 20 días.
NORTE DE FRANCIA, SUR DE BÉLGICA Y LUXEMBURGO, por Nosaltres4viatgem


Recién estrenada la estación de verano hicimos nuestra primera escapada estival. Hacía tiempo que queríamos ir y finalmente nos marchamos a conocer Montanejos, (Castellón). Un pueblo pequeñito, acogedor, tranquilo, con una buena oferta hotelera y gastronómica y donde por encima de todo destacan sus muchas
rutas de senderismo, pero sobre todo sus aguas termales y su balneario.
Si bien no estuvimos en el balneario sí que pudimos disfrutar de una buena ruta de senderismo y de un magnífico baño en el río Mijares, más en concreto en La Fuente de los Baños, donde brota una fuente de aguas termales con una temperatura durante todo el año de 25ºC. Todo un privilegio.
De vuelta a casa y sin casi tiempo para deshacer las maletas ya estábamos preparando el equipaje para el viaje en familia. Nos íbamos los cuatro a Italia, a recorrer en coche la Toscana. Un viaje donde reinó el calor pero que no dejó indiferente a nadie. Paisajes de película, campos de lavanda, viñas, enormes cipreses decorando cada uno de los caminos y casas, todo tal cual se ve en, por ejemplo, la película Bajo el sol de la Toscana. Nos alojamos en
San Gimignano, visitamos Volterra, Siena, también Lucca y un pequeño pueblo llamado Colle di val d’Elsa y sus fábricas de cristal que se encuentran casi al mismo nivel que las de la isla de Murano.
Antes de volver a España estuvimos en Módena y pudimos visitar el museo de Ferrari y ver el circuito de Fiorano.
Solo tuvimos una semana para descansar, (eso quién no trabajaba), y llegó el 1 de agosto y nos fuimos unos días al Cabo de Gata, más concretamente a la pedanía de Fernán Pérez, (perteneciente a al municipio de Níjar). En Fernán Pérez está la iglesia que aparece en la novela Bodas de Sangre de Federico García Lorca, siendo esta
una de las iglesias más antiguas de Níjar. Desde esta pequeña pedanía nos dedicamos a visitar las magníficas playas del Parque Natural Marítimo-Terrestre de Cabo de Gata-Níjar, como la Playa de las Negras, la de los Muertos, El Playazo, la playa de Carboneras o el mismísimo Cabo de Gata.
Al volver del Cabo de Gata nos dio tiempo a lavar la ropa y a preparar las mochilas para hacer nuestro segundo Camino de Santiago. Este año empezábamos el camino Inglés desde Ferrol.
Primero un par de días en Ferrol y después cinco etapas, algunas de ellas bastante duras, para llegar a Hospital de Bruma. Como el camino Inglés sale de dos sitios, (desde Ferrol y desde A Coruña), y se encuentran en Hospital de Bruma, el año que viene lo empezaremos en A Coruña para terminarlo, esta vez sí, en Santiago de Compostela y poder recoger nuestra segunda Compostela.
Y para finalizar el verano que mejor de un fin de semana de buceo en aguas de Calpe. Una experiencia maravillosa y cien por cien recomendable.
BRITISH COLUMBIA (CANADÁ) EN AUTOCARAVANA, por Viajar Engancha.

British Columbia es uno de esos lugares que parece diseñado para explorar sobre ruedas. Y hacerlo a principios de verano es muy recomendable.
Ma Cruz, de Viajar Engancha, se animó a recorrer la naturaleza salvaje de esta parte de Canadá en solitario y en autocaravana, lo que resultó ser una experiencia que la marcó para siempre. Un viaje en conexión con la naturaleza y con una misma.
Así que, si sueñas con un viaje que combine naturaleza salvaje, carreteras panorámicas y crecimiento personal, viajar en autocaravana por British Columbia siendo mujer y sola es un must.
La autocaravana te permite despertar cada día en un lugar distinto. Puedes dormir junto a un lago, desayunar frente a un glaciar o improvisar una parada en un pequeño pueblo costero. Esa flexibilidad es un lujo, pero también requiere responsabilidad, sobre todo si viajas sola.
Para ello, como mujer viajera, te doy esta serie de consejos:
Planifica campings y rutas: en temporada alta, como fue junio, los campgrounds de parques nacionales y provinciales se llenan rápido, por lo que reservar te dará tranquilidad.
Seguridad primero: evita dormir en lugares aislados fuera de zonas autorizadas, especialmente si es tu primera vez. Y, sobre todo, en Canadá por el tema de los osos.
Conexión digital: en algunas áreas no siempre hay cobertura; te recomiendo, pues, descargar mapas offline y compartir tu itinerario con alguien de confianza.
Confía en tu intuición: si un sitio no te convence, muévete sin pensarlo dos veces.
¿Qué puedes encontrarte en BC? Montañas, fiordos, lagos turquesa y bosques interminables hacen de esta región un escenario perfecto para lanzarse a la carretera. Y si lo haces sola, el resultado es un viaje de libertad, introspección y descubrimiento.
Te dejo mi experiencia completa aquí: https://viajarengancha.com/viajar-sola-a-canada-en-autocaravana/
LANZAROTE EN FAMILIA, por Consejero Viajero

Una semana en Lanzarote en Famila: Naturaleza, Aventura y Relax
Nuestra semana en Lanzarote fue una escapada perfecta en familia, combinando paisajes volcánicos únicos, playas de ensueño y actividades para todos los gustos. Nos alojamos en el Barceló Active Resort en Costa Teguise, un hotel ideal para familias con niños. Las piscinas, el ambiente tranquilo y la cercanía a muchas atracciones lo convirtieron en la base perfecta para explorar la isla.
Uno de los primeros lugares que visitamos fueron los Jameos del Agua, una maravilla natural creada por el artista César Manrique. Los niños alucinaron con el túnel volcánico, el lago interior con sus famosos cangrejos albinos, y la arquitectura integrada con el entorno. Muy cerca también está la Cueva de los Verdes, aunque en esta ocasión decidimos dejarla para otra visita.
Otro punto panorámico que nos encantó fue el Mirador de Guinate, menos turístico que el Mirador del Río, pero con vistas espectaculares hacia La Graciosa. Un lugar tranquilo y muy recomendable si buscas paisajes que te dejen sin palabras.
Paseamos por Teguise, el antiguo capital de la isla, con sus calles empedradas, mercadillos y casonas históricas. Es un sitio con mucho encanto y perfecto para tomar algo en una terraza mientras los niños corretean por la plaza.
Uno de los lugares más sorprendentes que visitamos fueron Las Grietas, unas formaciones volcánicas al borde de la carretera. Subimos un rato para explorar —es un sitio curioso y fotogénico, aunque hay que tener precaución con los niños pequeños.
No podíamos irnos sin pasar un día en la espectacular Playa Papagayo, con sus aguas turquesas y arena dorada. Aunque el acceso es algo complicado (camino de tierra), vale muchísimo la pena. Y por supuesto, visitamos el Parque Nacional de Timanfaya, donde recorrimos la Ruta de los Volcanes y disfrutamos del espectáculo geotérmico.
Lanzarote nos sorprendió por su belleza salvaje y la variedad de planes que ofrece. Una isla volcánica pero acogedora, donde la naturaleza y la cultura se mezclan con calma y hospitalidad. Sin duda, un destino que recomendaríamos para familias que buscan algo más que sol y playa.
DEL CARIBE AL ÁFRICA PASANDO POR ISLAS DEL INDICO, por Carlos El Viajero.

Este verano mi mochila me llevó a saltar del Caribe al África austral pasando por unas relajadas islas del Indico. He seguido viajando como más me gusta: ligero y curioso.
En Jamaica gracias los route taxis conocí su lado menos turístico. Recorrí todo el litoral pueblito a pueblito, algunos coloniales como Spanish Town, coloridos cementerios, playas locales y me enamoré de los puestos ambulantes de pollo jerk. Aprendí que no todo es reggae o marihuana, aunque sí descubrí un país donde su gente ama vivir. Escuché la palabra «Wah Gwaan» muchas veces que significa «qué pasa, que tal».
Cambié completamente de coordenadas y llegué hasta Lesoto. Del calor pegajoso caribeño a la chaqueta y bufanda. Fue el país de la lentitud necesaria: aldeas en el altiplano a las que llegan minibuses colectivos sólo cuando se llenan y con la música a todo volumen que te obliga a llevar tapones. Pero si, compensó ver esa naturaleza de
colores pardos y ríos cuyos cursos traza formas muy caprichosas. Descubrí el exquisito rabo de toro y no tenía nada que envidiar al cordobés.
Esuatini me ofreció otra escala en la vida rural del sur africano, menos frio y más naturaleza de animales. No soy de visitar safaris, pero no creo que haya un país de África donde puedas ver parques nacionales en transporte público y con un coste tan reducido como los de Mlilwane y Hlane. Aprendí que no es necesario buscar «lo auténtico»: basta con sentarse en una tienda de carretera con una cerveza en mano, esperar a que pase un combi y que se te cruce el país en tu camino.
De Esuatini al pleno Océano Índico. A las Islas Seychelles, para mi sorpresa, la memoria no la ocupa la postal de las playas con sus curiosas y enormes rocas de granito, sino los trayectos en autobús interurbano, los mercados de Victoria con olor a curry, y las charlas lentas con pescadores al atardecer.
El paraíso, si existe, se parece más a esos detalles que a cualquier folleto y, a pesar de la mordedura de un Rotweiller sin vacunar, no dejé que me arruinara el viaje.
Por último, vuelta a Sudáfrica y a Ciudad del Cabo. Un buen colofón del final del verano. Mi ciudad favorita del país por historia, seguridad y cosmopolita. Esa ciudad que cuando la dejas siempre quieres regresar.
CRUCERO POR BAHAMAS Y DISNEYWORLD EN ORLANDO, por AnaBMon

El pasado verano teníamos claro que queríamos volver a hacer un crucero pero claro, después de haber hecho dos por Europa, tocaba cruzar el charco y hacerlo por el Caribe y que mejor elección que las Bahamas saliendo desde Orlando.
Y es que las personas que nos conocen bien, saben que somos unos apasionados del mar y de los parques de atracciones, así que en este viaje, “matamos dos pájaros de un tiro”.
Fue un viaje familiar, así que no viajamos los dos solos y como os hemos adelantado, tuvimos que volar hasta Orlando pues el puerto de salida del crucero se encontraba a una hora de allí, en concreto en Puerto Cañaveral.
Viajar en crucero, es viajar con tranquilidad y relax, pues al final en un único lugar lo tienes todo, eso sí, este barco era tan grande, que perderse era lo más fácil del mundo. Era un crucero de 5 días y 4 noches, donde dos días bajamos a conocer dos islas de las Bahamas y el resto fueron disfrute a tope del barco a la vez que navegaba por el mar Caribe.
Entre las islas de Bahamas que conocimos está su capital Nassau, famosa por sus playas y arrecifes de coral, así como sus edificios de estilo colonial británico. Además en Nassau se encuentra el famoso hotel casino Atlantis Paradise y no dudamos en ir a conocerlo también.
La otra isla que disfrutamos muchísimo fue Ocean Cay, que es una reserva privada propiedad de MSC. En Ocean Cay estuvimos todo el día, así que pudimos disfrutar de sus diferentes playas de aguas cristalinas y de su sol caribeño. Ambas islas nos encantaron, pero sin duda nos quedamos con sus playas de arena blanca y que parecían piscinas por sus colores azul turquesa y sus aguas cristalinas.
A bordo del barco, la diversión también estuvo asegurada. Mientras el sol estaba presente, probamos cada una de sus piscinas, jacuzzis e incluso su parque acuático y tras caer el sol, a ponerse guapos para disfrutar de los shows en el teatro o la música en directo.
Una vez el crucero terminó, quedaban unos días para conocer la ciudad de Orlando. Para nosotros era la segunda vez que la visitábamos, aunque esta vez únicamente íbamos a visitar uno de los parques de Disney y no todos como esa primera vez. Nuestra elección fue Magic Kingdom, por ser el más antiguo de todos, donde se encuentra el Castillo de La Cenicienta y porque queríamos probar una nueva atracción que se había estrenado (Tron), que por cierto, fue la mejor de todas. Pasar el día allí fue como volver a nuestra infancia.
También en Orlando visitamos varios outlets, otro parque de atracciones llamado Fun Spot Old Town y su ciudad.
Y hasta aquí nuestro viaje de verano.
ATENAS, por La Bitácora

La idea de regresar a Atenas era volver a visitar el Museo Arqueológico y, tras nuestra llegada, esperamos un rato hasta que salió el primer metro de la mañana, que nos llevó al centro, donde estaba nuestro hotel. Cuando íbamos a bajar en nuestra parada, Monastiraki, ocurrió un pequeño incidente: intentaron robarle la cartera a Jose abriéndole la riñonera, pero lo impedí al cogerle la mano al ladrón. Estaba advertida de este tipo de robos, y gracias a eso los vi venir.
Tras el pequeño susto, dejamos el equipaje en el hotel y nos fuimos a ver la Acrópolis, donde compramos la entrada combinada de Atenas, igual que hicimos años antes. Después de la visita, nos marchamos al Ágora Antigua.
Al día siguiente nos levantamos muy temprano para visitar el mercado de Atenas, el Central Market, y a continuación seguimos con las visitas incluidas en la entrada combinada e hicimos un recorrido por el Templo de Zeus Olímpico y la Biblioteca de Adriano. Para terminar el día con la puesta de sol en el monte Licabeto, pero de camino hasta allí hicimos una pequeña parada en la catedral de la Asunción de la Virgen María. Continuamos hasta llegar a la estación del teleférico, donde compramos el caro billete para subir y bajar del monte Licabeto, el más alto de Atenas, y disfrutar de la puesta de sol sobre la ciudad.
Dedicamos otro día para hacer una excursión a Delfos, donde recorrimos sus ruinas y visitamos el museo. El último día lo dedicamos a visitar el parque arqueológico del Cerámico —antiguo cementerio con lápidas griegas y restos de muralla—, así como el Ágora Romana. Y por último, el Museo Arqueológico, que era el verdadero motivo del viaje, pero que nuevamente vimos el último día dedicándole tan solo unas horas, sin tener el tiempo que habíamos previsto. Imagino que es cuestión de tiempo que vuelva a Atenas para recorrerlo con calma, y espero que en esta ocasión sí le dedique el día entero…


Deja una respuesta